Cobardes, cobardes…
Publicado: 19 Jul 2007 13:41
Cobardes, cobardes…
Roxana Zúñiga Quesada
[email protected]
Cada accidente de tránsito, o de cualquier índole, abre irremediablemente su menú de dolor y desolación.
Como el que ocurrió hace poco a la entrada de Heredia, cuando un muchacho de 17 años jugó al póker de la muerte y perdió. Él y unos amigos entre comillas estaban entretenidos con los piques y el carro volcó… otra familia enlutada.
Una historia tétrica, sin duda, mas lo verdaderamente espeluznante sucedió en medio de la confusión del percance.
El conductor se encontraba muy mal herido, pero los cobardes compañeros de aventura lo dejaron solo, lo abandonaron ante la gravedad de la monumental torta.
“Nosotros nos vamos, que otros lo auxilien”, pensaron estos sujetos quienes, quizá, 30 segundos antes azuzaron al imberbe chofer y le masajearon el ego: “maje, de usted no se ha dicho nada, métale más velocidad que su alma es uno de los que manejan mejor…”
Pero cuando sobrevino la desgracia, los viles y desgraciados compinches huyeron a toda prisa.
A ese, gran amigo, se le escapaba la vida y ni uno solo de tales mal nacidos frenó su indigna carrera en pos de evitar desagradables responsabilidades.
¡Qué pena por Costa Rica! Individuos de esa calaña son los que ya asumen el cambio generacional.
La solidaridad, la amistad y la confianza habrá que ir a conocerlas al Museo Nacional.
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Roxana Zúñiga Quesada
[email protected]
Cada accidente de tránsito, o de cualquier índole, abre irremediablemente su menú de dolor y desolación.
Como el que ocurrió hace poco a la entrada de Heredia, cuando un muchacho de 17 años jugó al póker de la muerte y perdió. Él y unos amigos entre comillas estaban entretenidos con los piques y el carro volcó… otra familia enlutada.
Una historia tétrica, sin duda, mas lo verdaderamente espeluznante sucedió en medio de la confusión del percance.
El conductor se encontraba muy mal herido, pero los cobardes compañeros de aventura lo dejaron solo, lo abandonaron ante la gravedad de la monumental torta.
“Nosotros nos vamos, que otros lo auxilien”, pensaron estos sujetos quienes, quizá, 30 segundos antes azuzaron al imberbe chofer y le masajearon el ego: “maje, de usted no se ha dicho nada, métale más velocidad que su alma es uno de los que manejan mejor…”
Pero cuando sobrevino la desgracia, los viles y desgraciados compinches huyeron a toda prisa.
A ese, gran amigo, se le escapaba la vida y ni uno solo de tales mal nacidos frenó su indigna carrera en pos de evitar desagradables responsabilidades.
¡Qué pena por Costa Rica! Individuos de esa calaña son los que ya asumen el cambio generacional.
La solidaridad, la amistad y la confianza habrá que ir a conocerlas al Museo Nacional.
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